El electroencefalograma (EEG) sigue siendo una de las herramientas más utilizadas en la práctica clínica de la neurología pediátrica; ni siquiera el desarrollo de la tecnología que ha permitido la aparición de nuevas herramientas como la tomografía computarizada o la resonancia magnética cerebral han logrado minimizar, por el contrario, la han fortalecido con la aparición de equipos digitales de electroencefalografía.

La información obtenida a partir de los estudios de EEG difieren en muchas formas de la información de neuroimágenes, sobre todo por tratarse de un estudio funcional, es decir, que puede ir midiendo las constantes cerebrales y sus modificaciones en tiempo real. En general, la electroencefalografía convencional y digital es una ciencia relativamente nueva que se remonta al año 1875 con los estudios en animales que realizó Richard Caton y luego Hans Berger en humanos; siendo este último quien los publicará en su libro “El electroencefalograma del hombre”publicado en 1929.

En la actualidad, el EEG es usado en una variedad de entidades clínicas como encefalopatías, encefalitis virales, trastornos de sueño, migrañas, trastornos conductuales, entre otras; en la gran mayoría de los casos, los estudios son realizados como parte de la evaluación de las crisis convulsivas o los diferentes tipos de epilepsias, complementandose con estudios imagenológicos del sistema nervioso. En el Hospital Edgardo Rebagliatti Martins, contamos con dos equipos digitales que a la fecha han sido empleados para realizar cerca de 4000 estudios, siendo las indicaciones similares a lo comentado previamente. Punto clave: El EEG pediátrico no es una muestra en “pequeño” del EEG adulto, los rangos y patrones normales difieren mucho del EEG del adulto.

 

Estados de conciencia descritos por el EEG

Vigilia. Es el ritmo más prominente; se denomina alfa; es más conocido como ritmo posterior y se visualiza mejor estando tranquilo con los ojos cerrados. Hay otro ritmo de las regiones anteriores que generalmente es de menor voltaje y de mayor frecuencia que se denomina ritmo beta. El ritmo posterior en infantes y niños se logra reconocer desde los 3 a 4 meses. Debido a que el ritmo posterior debajo de 8 Hz se considera anormal después de los 8 años, se puede aplicar la regla del “8 x 8”, significando que a los 8 años se espera un ritmo posterior de 8 Hz, aunque en la práctica clínica se puede encontrar niños de 2 años con ritmos de 8 Hz.

Vigilia

Somnolencia. La actividad theta se considera como un marcador del inicio de la somnolencia. Generalmente es de bajo voltaje y pueden aparecer en cualquier región cerebral, de preferencia sobre las áreas témporo-occipitales. Asimismo, ritmos rápidos tipo beta de presentación difusa y atenuación del ritmo alfa en las regiones posteriores, son parte de la transición al sueño espontáneo.

Sueño. Los ritmos cerebrales son distintos en el sueño y básicamente hay tres ondas que debemos reconocer. Los usos del sueño (aparecen a los 2 meses), las ondas del vértex (desde los 5 meses) y los complejos K (desde los 6 meses), todos de preferencia observados a predominio de las regiones frontocentrales y característicos del sueño NREM estadios N1 y N2. Hasta los 2 años de edad, los husos de sueño son asincrónicos y después de los 10 años estos se localizan más en las áreas frontales que en las centrales. El sueño de ondas lentas (N3 y N4), aunque en la actualidad reconocida solo como N3, se caracteriza por la presencia de ondas lentas tipo delta y theta. El sueño REM, que no es frecuente de observar en un estudio de rutina (excepto en recién nacidos), se caracteriza por ondas de frecuencia mixta de bajo voltaje asociados a “ondas en serrucho” y movimientos oculares rápidos.

¿Para qué sirve un EEG?

Durante la visita, mediante la entrevista y la exploración clínica, la neuropediatra habrá obtenido los datos cínicos que le permitan dar un diagnóstico. A menudo esa información debe complementarse mediante la realización de pruebas como el EEG. Aunque el EEG se utiliza fundamentalmente para el estudio de las convulsiones y de la epilepsia, también es de utilidad en otros problemas.

 

¿Cómo se hace un EEG?

Es un procedimiento muy seguro, que debe realizar un técnico o un médico especialista en neurofisiología. El ambiente debe ser tranquilo, con pocos estímulos y el niño debe estar cómodo, tumbado en una camilla o sentado en una silla. Los impulsos eléctricos cerebrales se recogen a través de unos pequeños discos metálicos (electrodos) que se colocan sobre zonas específicas del cuero cabelludo. Para que no se muevan, se sujetan firmemente con unas gomas o un gorro especial. Con una jeringuilla sin aguja, se aplica un gel conductor debajo de cada electrodo para mejorar el contacto con la piel. Todo esto puede ser algo molesto, pero no será doloroso en absoluto. Los electrodos se conectan mediante cables a un amplificador-grabador que recoge y registra los impulsos eléctricos en forma de ondas. El registro debe durar un mínimo de 20 minutos para que tenga valor diagnóstico y deben seguirse las indicaciones de quien lo realiza.