La meningitis bacteriana en lactantes de más edad y niños suele ser resultado de bacterias que se transportan en el aparato respiratorio, y, en los recién nacidos, la meningitis a menudo proviene de una infección bacteriana en el torrente sanguíneo (septicemia). La meningitis bacteriana aguda es una emergencia neurológica que amenaza la vida. La incidencia anual estimada es de 2–5 por 100000 en los países occidentales y se estima ser 10 veces mayor en aquellos países en vías de desarrollo. En el mundo es una de las 10 primeras causas de muerte relacionada a infecciones y 30- 50% de los sobrevivientes tienen secuelas neurológicas permanentes. Los patógenos microbianos etiológicos pueden ser sospechados a través del grupo etario del paciente, factores predisponentes, comorbilidades y el grado de inmunocompetencia. Por lo general, la Meningitis en los recién nacidos procede de una infección del torrente sanguíneo (sepsis). De modo característico, la infección es causada por una bacteria adquirida en el canal del parto, con mayor frecuencia los estreptococos del grupo B, Escherichia coli, y Listeria monocytogenes.

Los lactantes mayores y los niños suelen desarrollar la infección a través del contacto con secreciones respiratorias (como saliva o moco nasal) que contienen las bacterias que provocan la meningitis. Las bacterias que infectan a los lactantes más mayores y a los niños son Streptococcus pneumoniae y Neisseria meningitidis. Haemophilus influenzae serotipo b era la causa más común de meningitis, pero la vacunación generalizada contra este microorganismo la ha convertido en la actualidad en una causa poco frecuente. Las vacunas actuales contra Streptococcus pneumoniae y Neisseria meningitidis (llamadas vacunas tipo conjugado neumocócica y meningocócica) también están convirtiendo a estos microorganismos en una causa poco frecuente de meningitis infantil.

Los síntomas de la meningitis varían según la edad. Una vez que los niños desarrollan síntomas que afectan el encéfalo (como somnolencia anormal o confusión), la meningitis puede progresar muy rápidamente. Hasta el 15% de los niños con meningitis bacteriana están inconscientes (comatosos) o casi inconscientes en el momento en que son llevados al hospital.

Los recién nacidos y los niños menores de 12 meses de edad rara vez manifiestan rigidez de nuca (un síntoma común en los niños más mayores) y son incapaces de comunicar una molestia específica. En estos niños más pequeños, los signos importantes de enfermedad que deben alertar a los padres de la presencia de un problema grave son:

 

  • Inquietud e irritabilidad poco habituales (especialmente cuando se les coge en brazos)
  • Somnolencia anormal (letargo)
  • Rechazo de la alimentación
  • La temperatura es demasiado alta o demasiado bajaVómitosErupción
  • Convulsiones

Alrededor de un tercio de los recién nacidos que tienen meningitis bacteriana sufren convulsiones. Y uno de cada cinco bebés y niños pequeños que tienen meningitis bacteriana sufren convulsiones. En algunos casos los nervios que controlan algunos movimientos oculares y faciales pueden resultar dañados por las bacterias, haciendo que un ojo se desvíe hacia dentro o hacia fuera, o que la expresión facial sea asimétrica. En aproximadamente el 25% de los recién nacidos afectados, la mayor presión del líquido alrededor del cerebro hace que las fontanelas (las partes blandas localizadas entre los huesos del cráneo) se abulten o se noten tensas a la palpación. Estos síntomas suelen evolucionar a lo largo de 1 o 2 días como mínimo, pero algunos lactantes, en particular aquellos cuya edad está por debajo de los 3 o 4 meses, enferman rápidamente y pasan de estar sanos a estar en riesgo de muerte en menos de 24 horas. En algún caso muy poco frecuente ciertas bacterias provocan pus (abscesos) en el encéfalo de los lactantes con meningitis. A medida que los abscesos crecen, aumenta la presión sobre el encéfalo (presión intracraneal), lo que produce vómitos, aumento de tamaño de la cabeza y abombamiento de las fontanelas.