El síndrome de Asperger es un trastorno del desarrollo que se incluye dentro del espectro autista y que afecta la interacción social reciproca, la comunicación verbal y no verbal, una resistencia para aceptar el cambio, inflexibilidad del pensamiento así como poseer campos de interés estrechos y absorbentes. Los factores ambientales que se asocian a desordenes del espectro del autismo y no sólo al síndrome de Asperger incluyen al molde-madre que tiene una infección viral o bacteriana durante embarazo, el molde-madre que fuma durante embarazo, la exposición a la contaminación atmosférica y a los pesticidas y la edad. El síndrome de Asperger, como otros autismos, es un trastorno del desarrollo cerebral, donde interactúan causas genéticas y ambientales para dar lugar a un anómalo funcionamiento del sistema nervioso central.

En el autismo, todas las alteraciones son muy evidentes en los tres primeros años de vida, mientras que en los niños con Asperger (aunque se encuentre dentro del espectro autista) no existe evidencia de retraso cognitivo y, en su gran mayoría, tienen una capacidad intelectual por encima de lo normal.

Diez síntomas para identificar el síndrome de Asperger en niños:

  1. Fijación en una sola actividad.
  2. Hablar como un “pequeño profesor”
  3. Dificultad para interpretar las señales sociales.
  4. Necesidad de rutinas.
  5. Rabietas emocionales.
  6. Falta de empatía.
  7. No entienden las sutilezas del habla.
  8. Lenguaje corporal insólito.
  9. Retraso en el desarrollo motor.
  10. Sensibilidad sensorial.

Se diferencian 5 grandes tipos de autismo, por lo que las personas que lo padecen pueden situarse en cualquier punto del espectro:

  1. Autismo.
  2. Síndrome de Rett.
  3. Síndrome de Asperger.
  4. Trastorno desintegrado infantil o síndrome de Heller.
  5. Trastorno generalizado del desarrollo no especificado.