Con cierta frecuencia, se observa en las escuelas y consultorios médicos niños que son muy movidos y desatentos, impulsivos y con pobre autocontrol, lo que les ocasiona bajo rendimiento escolar y problemas de relación con sus padres, profesores y compañeros. Estos síntomas corresponden al trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), que al ser diagnosticado de manera precoz y tratado oportunamente, garantizan un pronóstico a largo plazo más favorable, permitiéndoles al niño o adolescente afectado, mejoras en las áreas cognitiva, social, emocional y académica.

En términos generales, el TDAH persiste a lo largo de la vida generando dificultades significativas en la adolescencia y adultez, las cuales pueden incluir una persistencia del mismo desorden y/o agregarse otros problemas como trastornos de personalidad, dificultades sociales y emocionales, abuso de sustancias, desempleo, etc. Los síntomas emergen en la niñez temprana y continúan presentes en la adultez hasta en un 70% de los casos.

Definición

El TDAH es un desorden neurobiológico complejo cuyos síntomas hiperactividad, impulsividad y déficit de atención aparecen en la infancia ocasionando serios problemas en las áreas cognitiva, social, emocional y académica. Se caracteriza por una forma inapropiada del niño para inhibir su conducta (impulsividad), realizar actividades dirigidas a objetivos (desatención) o regular el nivel de actividad (hiperactividad) que se presenta durante el desarrollo. El padecer de TDAH no significa que tenga enfermedad neurológica.

Clasificación

De acuerdo a la severidad de los síntomas, el TDAH en los niños se puede clasificar en:

  • Moderado: cuando los síntomas de hiperactividad-impulsividad y/o desatención o los tres juntos aparecen en múltiples escenarios (hogar, escuela, reuniones sociales); están asociados con una alteración moderada en las esferas psicológicas o sociales y además comprometen severamente el rendimiento académico.
  • Severo: corresponde al diagnóstico del CIE 10 de trastorno hipercinético. Aparecen al mismo tiempo la hiperactividad-impulsividad y desatención, que no sólo comprometen el rendimiento académico del niño, sino que también generan serias alteraciones en las esferas psicológicas y sociales, como por ejemplo, en la relación con sus pares y familia; asimismo, se presentan sentimientos de baja autoestima, desarrollo de problemas de conducta, depresión, etc.

En adolescentes la severidad es similar a la de los niños, pero es necesario evaluar también alteraciones en el área ocupacional, la habilidad para conducir vehículos, el realizar compras o tareas del hogar, el hacer y mantener amigos, así como la capacidad para mantener relaciones cercanas.

 

Diagnóstico

El diagnóstico de TDAH es usualmente complicado y frecuentemente de naturaleza subjetiva. Requiere una evaluación clínica que tenga como objetivo buscar niños con los síntomas principales de desatención, hiperactividad e impulsividad y aquellos cuyos comportamientos sean lo suficientemente severos y persistentes como para causar alteraciones funcionales . El diagnóstico sólo debe ser realizado por un psiquiatra, neurólogo, pediatra u otro personal de salud con experiencia en TDAH.

No existe una prueba única que permita establecer el diagnóstico de TDAH . Tampoco está indicado el realizar exámenes de laboratorio de rutina para establecer el diagnóstico de TDAH (Nivel de evidencia Fuerte, Fuerza de la recomendación Fuerte). Asimismo, si los antecedentes personales son normales, no está indicado realizar pruebas neurológicas o de laboratorio (Fuerza de la recomendación no indicado). Aunque muchos niños tengan un comportamiento hiperactivo, impulsivo o inatento, sólo el nivel de severidad y el grado de alteración funcional, así como una evaluación exhaustiva acerca de otras causas que puedan estar ocasionando estas conductas nos permitirán definir qué niños reúnen los criterios diagnósticos y deban seguir tratamiento. Actualmente, se considera que en toda evaluación del estado mental a un niño o adolescente se debe realizar un screening específico para TDAH preguntando acerca de sus tres síntomas cardinales. Ello se debe realizar sin importar la queja principal por la que traen al niño (Fuerza de la recomendación Estándar mínimo).

La identificación de este trastorno se basa habitualmente en un diagnóstico clínico de acuerdo al DSM IV-TR. La evaluación de un paciente con sospecha de TDAH depende de la observación directa, entrevistas a los padres (Grado de recomendación D), entrevistas a profesores, escalas de comportamiento, cuestionarios, pruebas psicoeducacionales y la evaluación médica.